Aparentemente menos cauta era la cosa perseguida que se mov a a n m s en silencio que el le n, a un centenar de pasos al frente del carn voro de color tostado, pues en lugar de rodear los claros naturales iluminados por la luna los cruzaba directamente, y por el tortuoso rastro que dejaba se pod a adivinar que buscaba estas v as que ofrec an menor resistencia, como muy bien pod a hacer, ya que, a diferencia de su fiero perseguidor, caminaba erecto sobre dos pies