Se qued sin l grimas de tanto llorar, reteniendo en su interior todo el dolor que le oprim a el coraz n. Sus pies hinchados le sangraban luego horas de caminar sin rumbo. Todas las tragedias vividas se le revelaron en un solo momento que dur una eternidad. En esos instantes, sola, vulnerable, y derrotada contemplaba desde lo alto de aquel puente, el cauce del inmenso r o que se perd a entre suaves hondonadas en el horizonte. En aquella madrugada de verano, las fuerzas del destino la hab an llevado hasta all . Ya solo quedaba decidirse. El c mo y el porqu de los acontecimientos sufridos ya no eran importantes, eran cosa del pasado. Contemplaba la luna con su color plateado reflejarse en las mansas aguas, mientras que con insistencia y nerviosismo, besaba el escapulario con la imagen de la Virgen de Chiquinquir , que colgaba en su pecho. Despu s de los ltimos sucesos, perdida en la nada y sin tener ya ninguna otra alternativa; podr a terminar de una vez con aquella vida que le toc sobrellevar. A nadie le importaba lo que ella hiciera en ese momento. Estaba sola, profundamente sola y desamparada. Sus ltimas evocaciones fueron su apartamento, el lecho de la cama, y el cuerpo de su madre sin vida.
Daniel, como su padre a os atr s y muchos de sus coterr neos cubanos, decide dejar a su pa s en busca de la libertad. Ya en el exilio, despu s de interminables sufrimentos, el destino le depara una sorpresa que dar un giro a su vida. Milagro o casualidades del destino?
Dispersados por los cuatro puntos cardinales de aquel mundo saturado de divinidades terrestres, aquellos poderosos y mezquinos seres se repart an avorazados la riqueza que la providencia les prove a. Y en su voracidad sin l mite se alimentaban de la sangre de millones de seres. Con sa a conquistaban aquellos dioses temporales tierras ajenas, las despojaban de sus bienes y recursos y ya con el bot n ajeno, vanagloriados de su poder y de todo su arsenal, los dioses de la guerra, de todas las guerras se deleitaban con su poder destructivo. Con su crueldad sin l mites se convirtieron entonces, en los enemigos de Dios.