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1000 tulosta hakusanalla Maria Le

L'applicabilità della Legge Maria da Penha alle coppie omosessuali

L'applicabilità della Legge Maria da Penha alle coppie omosessuali

Volgane Carvalho; Lara Campelo

Edizioni Sapienza
2025
pokkari
Il concetto di famiglia nel diritto brasiliano ha subito notevoli cambiamenti, che si estendono ai pi diversi rami giuridici. Il presente lavoro intende analizzare la possibilit di applicare la Legge Maria da Penha ai casi di violenza verificatisi tra coppie omosessuali. Il tema scottante, poich , sebbene la norma fosse inizialmente destinata alla protezione delle donne, indiscutibile che il suo obiettivo fondamentale sia quello di proteggere la parte pi debole in una relazione affettiva. In questo caso, la questione va oltre l'analisi dei temi di genere e riguarda la protezione di un individuo pi fragile che soggiogato da un altro.
Maria, Wife of Leo III

Maria, Wife of Leo III

VDM Publishing House
2010
nidottu
Observera att förlaget som ger ut denna produkt baserar innehållet i sina produkter på fria källor som Wikipedia. Boken är med stor sannolikhet endast ett utdrag ur dessa informationskällor, alltså inte en vanlig bok i den bemärkelsen.
Louis Hemon et le Quebec de Maria Chapdelaine

Louis Hemon et le Quebec de Maria Chapdelaine

Sara Claire Kerschbaumer

Grin Publishing
2009
nidottu
Seminar paper de l'ann e 2006 dans le domaine Etudes des langues romanes - Fran ais - Litt rature, note: 1,00, Universit t Wien (Romanistik Wien), cours: PS Landeskunde, 7 sources bibliographiques, langue: Fran ais, r sum Analyse des Textes "Maria Chapdelaine"; Schwerpunkt auf den Motiven des kanadischen "roman du terroir." Daten zum Leben des Autors sowie zur Entstehung des Textes werden auch angegeben.
La Historia y El Legado de María Magdalena, La Primera Cristiana y Apóstol de La Iglesia Primitiva

La Historia y El Legado de María Magdalena, La Primera Cristiana y Apóstol de La Iglesia Primitiva

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

Createspace Independent Publishing Platform
2017
nidottu
Mar a Magdalena es probablemente la figura m s c lebre del cristianismo popular, una mujer de nuestro tiempo, la que los medios de comunicaci n y las sensibilidades modernas pueden abrazar con mayor convicci n. La industria del entretenimiento como el cine, el teatro y la literatura de aeropuerto han tenido desde hace m s de cien a os una obsesi n con esta pelirroja, que lleg a su cl max en la primera d cada de este siglo y no parece que vaya a desvanecerse. Magdalena tiene todo para ser una super-estrella: joven y atractiva, liberada e inteligente, ejemplo de una espiritualidad m s libre, no sometida por una Iglesia controlada por hombres; en la mente de muchos, Magdalena encarna la oposici n a un sistema dominado por ancianos con sotana, lo "sagrado femenino", y por si fuera poco, tiene el mejor partido del mundo: el mism simo Jesucristo. Hasta aqu la imagen presentada por la cultura popular. Esta Magdalena afrancesada, de pelo suelto y brillante, que aparece en innumerables obras de artes medievales y modernas con un manto rojo, s mbolo de rebeld a y libertad (aunque en la Edad Media la intenci n era mostrarla como una mujer descarriada), es una creaci n de la Iglesia occidental, y m s recientemente de los medios masivos de comunicaci n. Es la Magdalena enterrada bajo siglos de luchas intertextuales, homil as condescendientes, leyendas medievales, novelas en busca de ventas y documentales para la televisi n por cable. Pero hubo una Mar a hist rica, la mujer llamada Miriam (su nombre hebreo) nacida en Galilea en tiempos del rey Herodes, y que muri , muy probablemente, en la actual Turqu a, venerada, cuando el cristianismo era solamente una variante del juda smo. Seguramente ella misma no se hubiera reconocido en nuestros retratos modernos o en la idea que el cristiano promedio ha tenido de ella desde hace 1500 a os. Si desde el siglo XVIII ha habido una b squeda del Jes s hist rico, el hombre real que camin en las colinas de Galilea y muri en una cruz en Jerusal n, hace falta tambi n una b squeda similar de la Magdalena hist rica; no por simple curiosidad; la figura en cuesti n no es menor: si hemos de dar cr dito a las fuentes del siglo I, Mar a de Magdala fue la primera cristiana de la historia, la primera en proclamar la tesis fundamental del cristianismo, la resurrecci n de Jes s. A pesar de la escasa informaci n confiable, hay algunos hechos que podemos saber con certeza sobre esta mujer; por ejemplo, que era una respetada y bien recordada seguidora de Jes s de Nazareth, una de las mujeres que apoyaron al movimiento del galileo desde su primera etapa. Algunos estudiosos de la Biblia creen ver evidencia interna en los evangelios que Magdalena era una mujer mayor de edad, muy probablemente bien acomodada, si no es que rica. "Por todos los indicios", opina E.P. Sanders en su libro The Historical Figure of Jesus, "ten a ochenta y seis a os, no ten a hijos, y ten a la tendencia a cuidar j venes desarraigados". Magdalena no s lo permaneci al lado de Jes s en su hora de mayor desgracia, la crucifixi n; tambi n tuvo una extra a experiencia junto a su tumba el domingo en la madrugada despu s de la Pascua. Los evangelios difieren en los detalles, pero no en el hecho de que le sucedi a ella.
La Historia y El Legado de María Magdalena, La Primera Cristiana y Apóstol de La Iglesia Primitiva

La Historia y El Legado de María Magdalena, La Primera Cristiana y Apóstol de La Iglesia Primitiva

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

Createspace Independent Publishing Platform
2017
nidottu
Mar a Magdalena es probablemente la figura m s c lebre del cristianismo popular, una mujer de nuestro tiempo, la que los medios de comunicaci n y las sensibilidades modernas pueden abrazar con mayor convicci n. La industria del entretenimiento como el cine, el teatro y la literatura de aeropuerto han tenido desde hace m s de cien a os una obsesi n con esta pelirroja, que lleg a su cl max en la primera d cada de este siglo y no parece que vaya a desvanecerse. Magdalena tiene todo para ser una super-estrella: joven y atractiva, liberada e inteligente, ejemplo de una espiritualidad m s libre, no sometida por una Iglesia controlada por hombres; en la mente de muchos, Magdalena encarna la oposici n a un sistema dominado por ancianos con sotana, lo "sagrado femenino", y por si fuera poco, tiene el mejor partido del mundo: el mism simo Jesucristo. Hasta aqu la imagen presentada por la cultura popular. Esta Magdalena afrancesada, de pelo suelto y brillante, que aparece en innumerables obras de artes medievales y modernas con un manto rojo, s mbolo de rebeld a y libertad (aunque en la Edad Media la intenci n era mostrarla como una mujer descarriada), es una creaci n de la Iglesia occidental, y m s recientemente de los medios masivos de comunicaci n. Es la Magdalena enterrada bajo siglos de luchas intertextuales, homil as condescendientes, leyendas medievales, novelas en busca de ventas y documentales para la televisi n por cable. Pero hubo una Mar a hist rica, la mujer llamada Miriam (su nombre hebreo) nacida en Galilea en tiempos del rey Herodes, y que muri , muy probablemente, en la actual Turqu a, venerada, cuando el cristianismo era solamente una variante del juda smo. Seguramente ella misma no se hubiera reconocido en nuestros retratos modernos o en la idea que el cristiano promedio ha tenido de ella desde hace 1500 a os. Si desde el siglo XVIII ha habido una b squeda del Jes s hist rico, el hombre real que camin en las colinas de Galilea y muri en una cruz en Jerusal n, hace falta tambi n una b squeda similar de la Magdalena hist rica; no por simple curiosidad; la figura en cuesti n no es menor: si hemos de dar cr dito a las fuentes del siglo I, Mar a de Magdala fue la primera cristiana de la historia, la primera en proclamar la tesis fundamental del cristianismo, la resurrecci n de Jes s. A pesar de la escasa informaci n confiable, hay algunos hechos que podemos saber con certeza sobre esta mujer; por ejemplo, que era una respetada y bien recordada seguidora de Jes s de Nazareth, una de las mujeres que apoyaron al movimiento del galileo desde su primera etapa. Algunos estudiosos de la Biblia creen ver evidencia interna en los evangelios que Magdalena era una mujer mayor de edad, muy probablemente bien acomodada, si no es que rica. "Por todos los indicios", opina E.P. Sanders en su libro The Historical Figure of Jesus, "ten a ochenta y seis a os, no ten a hijos, y ten a la tendencia a cuidar j venes desarraigados". Magdalena no s lo permaneci al lado de Jes s en su hora de mayor desgracia, la crucifixi n; tambi n tuvo una extra a experiencia junto a su tumba el domingo en la madrugada despu s de la Pascua. Los evangelios difieren en los detalles, pero no en el hecho de que le sucedi a ella.
The Life and Letters of Maria Edgeworth

The Life and Letters of Maria Edgeworth

Augustus J C Hare

Hansebooks
2024
pokkari
The Life and Letters of Maria Edgeworth - Volume II is an unchanged, high-quality reprint of the original edition of 1894. Hansebooks is editor of the literature on different topic areas such as research and science, travel and expeditions, cooking and nutrition, medicine, and other genres. As a publisher we focus on the preservation of historical literature. Many works of historical writers and scientists are available today as antiques only. Hansebooks newly publishes these books and contributes to the preservation of literature which has become rare and historical knowledge for the future.
Rainer Maria Rilke: Die Kunst zu schreiben und zu leben

Rainer Maria Rilke: Die Kunst zu schreiben und zu leben

Dieter Lamping

Springer-Verlag Berlin and Heidelberg GmbH Co. KG
2025
sidottu
Rilke ist auch ein Jahrhundert nach seinem Tod noch eine unverwechselbare Gestalt: durch seine ebenso kunstvolle wie kühne Art zu schreiben, die ihn zu einem der großen Autoren des frühen 20. Jahrhunderts gemacht hat, und durch seinen Versuch, ‚künstlerisch zu leben‘, der ihn großen Spannungen vor allem zwischen seiner literarischen und seiner sozialen Existenz aussetzte. In seiner Lyrik wie in seiner Prosa hat dieser Lebensentwurf Rilkes samt seinem Selbstverständnis als Dichter durchgängig Spuren hinterlassen.