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Eduardo Acevedo Diaz

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Mukana myös kirjoitusasut: Eduardo Acevedo Díaz

51 kirjaa

Kirjojen julkaisuhaarukka 2007-2025.

Brenda

Brenda

Eduardo Acevedo Diaz

Createspace Independent Publishing Platform
2017
nidottu
En una casa situada en las afueras de Montevideo, a altas horas de una noche de verano que luc a algunas estrellas, y cuyo aire tibio formaba nebulosas con los vapores flotantes de la niebla alrededor de los reverberos, cruzaban por el patio varias sombras calladas e inquietas, personas que andaban sobre la punta de los pies comprimiendo sus alientos y evitando el m s leve rumor. Algo grave ocurr a". Son los primeros renglones de 'Brenda', la primera novela del autor uruguayo Eduardo Acevedo D az, publicada en forma de follet n en 1886 por el diario 'La Naci n' de Buenos Aires.
Brenda

Brenda

Eduardo Acevedo Diaz

Createspace Independent Publishing Platform
2016
nidottu
"En una casa situada en las afueras de Montevideo, a altas horas de una noche de verano que luc a algunas estrellas, y cuyo aire tibio formaba nebulosas con los vapores flotantes de la niebla alrededor de los reverberos, cruzaban por el patio varias sombras calladas e inquietas, personas que andaban sobre la punta de los pies comprimiendo sus alientos y evitando el m s leve rumor.
Brenda

Brenda

Eduardo Acevedo Diaz

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2014
nidottu
"Brenda", de Eduardo Acevedo D az. Eduardo Acevedo D az fue un escritor, periodista y pol tico uruguayo perteneciente al Partido Nacional (1851-1921)
Brenda

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Eduardo Acevedo Diaz

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2017
nidottu
"En una casa situada en las afueras de Montevideo, a altas horas de una noche de verano que luc a algunas estrellas, y cuyo aire tibio formaba nebulosas con los vapores flotantes de la niebla alrededor de los reverberos, cruzaban por el patio varias sombras calladas e inquietas, personas que andaban sobre la punta de los pies comprimiendo sus alientos y evitando el m s leve rumor. Algo grave ocurr a". Son los primeros renglones de 'Brenda', la primera novela del autor uruguayo Eduardo Acevedo D az, publicada en forma de follet n en 1886 por el diario 'La Naci n' de Buenos Aires
Brenda

Brenda

Eduardo Acevedo Díaz

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2017
nidottu
Eduardo Acevedo D az (Villa de la Uni n, Montevideo, 20 de abril de 1851 - Buenos Aires, Argentina, 18 de junio de 1921), escritor, periodista y pol tico uruguayo perteneciente al Partido Nacional. Es considerado como el iniciador de la novela nacional de su pa s, tom parte activa en la pol tica y sufri varios destierros.Su cuento El primer suplicio est ambientado en su experiencia en la Revoluci n de las Lanzas. Reconstruy los a os de la lucha por la independencia frente a Espa a y Brasil, as como las primeras guerras civiles (1808-1825), en la tetralog a formada por las novelas Ismael (1888), Nativa (1890), Grito de gloria (1893) y Lanza y sable (1914), con intenci n de indagar en la formaci n de la conciencia nacional. Ecos del romanticismo est n a n presentes en los conflictos amorosos y otros aspectos de esas novelas hist ricas, las mejores entre las suyas, y en otras sobre relaciones ntimas -Brenda (1886), Min s (1907)-, para atenuarse en Soledad (1894), donde se acerc con objetividad realista a temas y personajes del mbito rural. Entre sus relatos breves destaca El combate de la tapera. En pocas militares en el R o de la Plata (1911) reuni sus trabajos hist ricos.
Brenda

Brenda

Eduardo Acevedo Díaz

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2016
nidottu
Eduardo Acevedo D az (Villa de la Uni n, Montevideo, 20 de abril de 1851 - Buenos Aires, Argentina, 18 de junio de 1921), escritor, periodista y pol tico uruguayo perteneciente al Partido Nacional. Es considerado como el iniciador de la novela nacional de su pa s, tom parte activa en la pol tica y sufri varios destierros.
Brenda

Brenda

Eduardo Acevedo Díaz

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2018
nidottu
"En una casa situada en las afueras de Montevideo, a altas horas de una noche de verano que luc a algunas estrellas, y cuyo aire tibio formaba nebulosas con los vapores flotantes de la niebla alrededor de los reverberos, cruzaban por el patio varias sombras calladas e inquietas, personas que andaban sobre la punta de los pies comprimiendo sus alientos y evitando el m s leve rumor. Algo grave ocurr a". Son los primeros renglones de 'Brenda', la primera novela del autor uruguayo Eduardo Acevedo D az, publicada en forma de follet n en 1886 por el diario 'La Naci n' de Buenos Aires
Brenda

Brenda

Eduardo Acevedo Diaz

Createspace Independent Publishing Platform
2018
nidottu
"En una casa situada en las afueras de Montevideo, a altas horas de una noche de verano que luc a algunas estrellas, y cuyo aire tibio formaba nebulosas con los vapores flotantes de la niebla alrededor de los reverberos, cruzaban por el patio varias sombras calladas e inquietas, personas que andaban sobre la punta de los pies comprimiendo sus alientos y evitando el m s leve rumor. Algo grave ocurr a". Son los primeros renglones de 'Brenda', la primera novela del autor uruguayo Eduardo Acevedo D az, publicada en forma de follet n en 1886 por el diario 'La Naci n' de Buenos Aires.
Ismael

Ismael

Eduardo Acevedo Diaz

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2018
nidottu
Ismael, hu rfano cuya descendencia espa ola es clara y manifiesta en sus rasgos f sicos, llega a una estancia y se queda all como pe n; por su car cter t mido, tan solo acompa a su soledad con una guitarra.
Nativa

Nativa

Eduardo Acevedo Diaz

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2018
nidottu
Esta obra cuenta en grandes panoramas el hervor revolucionario, mientras la dominaci n luso brasilera se esfuerza en consolidar la conquista de la llamada Provincia Cisplatina. Esta obra constituye la narraci n de la reconstrucci n de la historia uruguaya, en el per odo de formaci n de la nacionalidad.
Grito de Gloria

Grito de Gloria

Eduardo Acevedo Diaz

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2018
nidottu
Los episodios de la formaci n nacional uruguaya de la cruzada de 1825 es el fundamento hist rico de la novela: la batalla de Sarand , donde las caballer as gauchas, con Lavalleja al frente, y blandiendo valientemente sus sables vencen a los enemigos, en un lance extremadamente importante donde se deciden los destinos de la amada patria.
Nativa

Nativa

Eduardo Acevedo Diaz

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2018
nidottu
Esta obra cuenta en grandes panoramas el hervor revolucionario, mientras la dominaci n luso brasilera se esfuerza en consolidar la conquista de la llamada Provincia Cisplatina. Esta obra constituye la narraci n de la reconstrucci n de la historia uruguaya, en el per odo de formaci n de la nacionalidad. "All por los a os de 1821 a 1824, cuando la nacionalidad oriental aparec a a n incolora casi atrofiada al nacer por rud simos golpes capaces de producir la par lisis o por lo menos la anemia que se sucede siempre a la postraci n y al prolongado delirio, -la libertad de la palabra escrita no alcanzaba tal vez el vuelo de una campana, y por el hecho la propaganda ten a l mites circunscriptos a un c rculo popiliano -estrecha, somera, recelosa, lapidaria, espantadiza como ave zancuda que se abate en una loma en donde no hay para ella alimento, y al pretender remontarse a los aires se arrastra primero azotando el suelo con la punta de las alas y prorrumpiendo en desafinadas notas".
Grito de Gloria

Grito de Gloria

Eduardo Acevedo Diaz

Createspace Independent Publishing Platform
2018
nidottu
Los episodios de la formaci n nacional uruguaya de la cruzada de 1825 es el fundamento hist rico de la novela: la batalla de Sarand , donde las caballer as gauchas, con Lavalleja al frente, y blandiendo valientemente sus sables vencen a los enemigos, en un lance extremadamente importante donde se deciden los destinos de la amada patria. "Las campa as antes tan hermosas, rebosantes de vida, estaban ahora mustias, llenas de desolaci n profunda. Creer ase que un cicl n inmenso las hubiese devastado de norte a sur y del este al occidente, sepultando hasta el ltimo reba o bajo las ruinas del desastre. Soplaba como un viento asolador sobre los campos; la grande propiedad parec a aniquilada. No se ve an ya numerosos los ganados agrupados en los valles o en las faldas de las sierras. En su mayor parte las viviendas estaban sin moradores, saqueadas, en escombros, y en estas taperas crec a la yerba salvaje hasta ocultar los picachos del lodo seco. Para qu hombres y perros pastores? En la tierra conquistada hab a concluido, la labor libre y muerto toda industria. Sus hijos, ya ex nimes los unos, los otros errantes, hab an agotado en lucha tenaz, todo el caudal de su esfuerzo brav o"
Ismael

Ismael

Eduardo Acevedo Díaz

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2018
nidottu
Ismael, hu rfano cuya descendencia espa ola es clara y manifiesta en sus rasgos f sicos, llega a una estancia y se queda all como pe n; por su car cter t mido, tan solo acompa a su soledad con una guitarra. Los estancieros tienen una hija llamada Felisa, de la cual se enamora Ismael, con una pasi n obstaculizada por el mayordomo, un espa ol que tambi n la pretende. Se presenta un lance entre los dos rivales en que el espa ol resulta herido; este evento hace que Ismael deba huir e internarse en el monte en compa a de otros peones que tambi n se han fugado. Estalla una rebeli n que convierte en h roes a quienes se hallan fuera de la ley. Ismael vuelve a la estancia para encontrarse con que ya nada es igual.
Grito De Gloria

Grito De Gloria

Eduardo Acevedo Diaz

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2018
nidottu
Las campa as antes tan hermosas, rebosantes de vida, estaban ahora mustias, llenas de desolaci n profunda. Creer ase que un cicl n inmenso las hubiese devastado de norte a sur y del este al occidente, sepultando hasta el ltimo reba o bajo las ruinas del desastre. Soplaba como un viento asolador sobre los campos; la grande propiedad parec a aniquilada. No se ve an ya numerosos los ganados agrupados en los valles o en las faldas de las sierras. En su mayor parte las viviendas estaban sin moradores, saqueadas, en escombros, y en estas taperas crec a la yerba salvaje hasta ocultar los picachos del lodo seco. Para qu hombres y perros pastores? En la tierra conquistada hab a concluido, la labor libre y muerto toda industria. Sus hijos, ya ex nimes los unos, los otros errantes, hab an agotado en lucha tenaz, todo el caudal de su esfuerzo brav o. El desaliento cund a a modo de vaho asfixiante de uno a otro conf n; no se elevaban cabezas altivas, ni brazos poderosos, ni gritos terribles de combate, all donde durante nueve a os se hab an chocado m ltiples ej rcitos y consagr dose a hierro y fuego la aspiraci n constante de libertad. Los nuevos due os del pa s allanaban las propiedades y se repart an los frutos. Acompa bales la sed insaciable de riquezas que se apodera de los fuertes en pos de f ciles victorias y extend an la garra con la brutalidad de la bestia cebada. Ninguna barrera pod a detenerlos. Dineros, bienes, honras, vidas, todo era barrido por la ola de la conquista. En los primeros d as, a trav s de las cuchillas, a lo largo de los caminos, en lo hondo de los valles, un ruido pavoroso, cada vez en aumento, un mugido extenso, continu , siniestro, formado por infinitos ecos, llenaba de aflicci n los pagos. Las pocas mujeres que hab an quedado en sus moradas, sal an inquietas a las puertas o se lanzaban angustiadas a las vecinas lomas, atra das por aquellos ruidos de tronada, conjunto de balidos y clamores, de relinchos y carreras. Entre enormes polvaredas, cuyas nubes se extend an al ras del suelo como humazos de combate en un d a sereno, se corr an hacia la frontera cual impulsadas
Nativa

Nativa

Eduardo Acevedo Diaz

Createspace Independent Publishing Platform
2018
nidottu
All por los a os de 1821 a 1824, cuando la nacionalidad oriental aparec a a n incolora casi atrofiada al nacer por rud simos golpes capaces de producir la par lisis o por lo menos la anemia que se sucede siempre a la postraci n y al prolongado delirio, -la libertad de la palabra escrita no alcanzaba tal vez el vuelo de una campana, y por el hecho la propaganda ten a l mites circunscriptos a un c rculo popiliano -estrecha, somera, recelosa, lapidaria, espantadiza como ave zancuda que se abate en una loma en donde no hay para ella alimento, y al pretender remontarse a los aires se arrastra primero azotando el suelo con la punta de las alas y prorrumpiendo en desafinadas notas. Era este un fen meno natural. Toda resistencia hab a cesado desde hac a pocos meses, y la robusta sociabilidad que sangrara por cien heridas durante cerca de dos lustros para darse su autonom a propia o recuperar su equilibro primitivo, hab a sido asimilada por un poder mayor, a t tulo de Estado Cisplatino. Desde luego, esta sociabilidad hab a sido atacada en sus fundamentos, en sus tradiciones, en sus costumbres, en su idioma, en sus propensiones nativas -sustray ndosela a la vida solidaria de sus cong neres por la raz n de la fuerza y la l gica de la conquista. Expl case as entonces, por qu la libertad del pensamiento no gozaba de m s espacio que el que recorre una flecha; cuando a semejanza del ave viajera -sentada apenas la planta- no emigraba con sus int rpretes a mejores climas. Este estado de cosas se deb a en mucho a la pol tica observada por el se or de Pueyrred n y por el Dr.